La Criticona 

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COLUMNA 

24 Aug 2026

"La verdad siempre es revolucionaria. Exponer a los oprimidos la verdad de su situación es abrirles el camino a la revolución."— León Trotsky

Mi abuelo nació en 1939. Tendría 87 años. León Trotsky fue herido de muerte el 20 de agosto de 1940 y falleció un día después, el 21 de agosto de 1940, hace 86 años. Se habla de que los revolucionarios y la gente de izquierda vivían en un mundo retrasado y muy antiguo. Pero no tanto: Trotsky murió cuando mi abuelo ya había nacido. Una vida familiar basta para acercarnos a aquel mundo que suponemos tan lejano.

Una de las ideas más fantásticas de Trotsky es: «Lealtad al programa revolucionario, hostilidad irreconciliable con la burguesía, ruptura decisiva con los socialpatriotas, profunda confianza en la fuerza revolucionaria de las masas: éstas son las principales lecciones de octubre».

Pero, en los tiempos de la redención de la patria de cuarta —o la patria en cuarta, en fin, sea lo que sea—, no creo que exista una definición programática suficientemente precisa. Y esa ha sido una de sus mayores virtudes y errores.

Virtud, porque permite que un gran cúmulo de gente se acerque e interprete, a su manera y a su sentir, lo que debe ser la 4T. Error, porque la flexibilidad distorsiona y desvía un proyecto que no sabe bien qué ser. Y error para quienes nos adherimos pensando que ciertas cosas debían ser de una manera y no de otra. La izquierda, claro, pero ¿qué izquierda? ¿Una descafeinada o una radical? ¿Una que rompa el sistema y haga la república socialista anhelada?

Evidentemente, abundan más los matices y las formas correctas del reformismo, del paso lento y burocrático, porque es parte de la esencia de la toma del poder en 2018. ¿Pero quién lo dijo? ¿Quién nos dijo que aceptáramos esta configuración? ¿No era una transformación radical y profunda, como lo dijo el mismo caudillo? Esas son algunas de las distorsiones a las que me refiero.

Quizás fueron ideas, chaquetas mentales que nos hicimos porque quisimos entenderlas de esa forma. Pero ¿qué proyecto es la 4T? A ciencia cierta no lo sabemos. Hemos sido utilizados narrativamente, pues el planteamiento en campaña es uno y, en funciones de gobierno, puede ser otro.

Hay apertura, hay pasos que ceden en detrimento de las comunidades y del medio ambiente, pero a favor del negocio. Está, por ejemplo, la bahía de Ohuira, donde comunidades yoremes se han opuesto durante años a la construcción de una planta de amoniaco, un caso al que Julio Hernández López, Astillero, ha dado seguimiento documental. Estos ires y venires parecen modificarse por las presiones económicas y de inversión que antes le criticábamos a Peña Nieto.

Por ejemplificar: durante la administración peñista, los institutos autónomos como el IFT y el INAI apenas mostraban sus dientes de leche. Eran instituciones criticables y cuestionables, pero, con dientes y verdadera autonomía, podrían haber fortalecido un Estado sólido, con vigilancia desde la ciudadanía e independencia frente al gobierno. En efecto, podían estar capturados. Efectivamente, no eran lo deseable. Pero existían. Hoy aquel diseño institucional fue derrumbado y, por supuesto, eso no es necesariamente mejor.

La reforma de telecomunicaciones y la actuación del IFT, con todo y los dados cargados que pudieran discutirse, produjeron beneficios tangibles: se eliminó el cobro de larga distancia nacional, disminuyeron los precios de distintos servicios y se estableció una regulación asimétrica sobre el agente económico preponderante para favorecer una mayor competencia. Esa era la idea y quizás tendríamos mejores servicios, pues es también una de las promesas olvidadas del capitalismo salvaje.

El INAI ofrecía y exigía información cuando el gobierno podía ocultarla o hacer complicado conocer contratos y verificar ciertos datos. El INAI fue extinguido y sus funciones fueron redistribuidas; entre ellas, algunas pasaron a Transparencia para el Pueblo. Lo que desapareció fue el órgano constitucional autónomo que podía exigir información al propio gobierno sin depender jerárquicamente de éste.

Desde el oficialismo se sostiene que no son iguales y que la información será entregada. Pero ¿qué pasa si las buenas intenciones se acaban? Se liquidó un sistema de transparencia que no necesariamente ponía contra las cuerdas a las administraciones, pero fortalecer ese instituto hubiera sido un paso hacia lo diáfano.

La ambigüedad está también en el signo político del caudillo. En 2019 publicó Hacia una economía moral, donde se refiere a un memorándum que envió, ya como presidente, a los funcionarios que lo acompañaron al arranque de su gobierno. Destaco: «Todos estamos obligados a honrar nuestra palabra y cumplir el compromiso de no mentir, no robar y no traicionar la confianza de los mexicanos».

En sentido literal, eran algunas de las primeras acciones para demostrar que el cambio estaba en proceso de realizarse. Más adelante, en el mismo texto, sostiene un principio juarista, pues lo cita y aquí lo reproduzco:

«Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos no pueden disponer de rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulso de voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala».

Aquí es donde dirían que la puerca torció el rabo. La nueva Corte había anunciado la eliminación del seguro de gastos médicos mayores como parte de su política de austeridad; sin embargo, seis ministros votaron en agosto de 2026 por incluir en el anteproyecto de presupuesto de 2027 una previsión para restituir esa prestación al personal de la institución, aunque no a los propios ministros.

La presidenta Claudia Sheinbaum criticó la decisión y bromeó con que algo pasa cuando se entra al edificio de la Corte: debe estar «embrujado» por «los espíritus del pasado».

A ella le toca un poco, como a todos: hay libros, hay frases, hay citas sobre aquello que debe cambiar. No hacia un socialismo o algo radical —para desgracia de unos pocos como yo—, pero lo que se prometió debe cumplirse.

Porque sí existen compromisos, principios y documentos. La pregunta es si constituyen una definición suficientemente sólida para saber con certeza qué votamos en aquella ilusión transformadora y, sobre todo, para saber cuándo esa transformación se aparta de sí misma.

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—

Mi abuelo tenía su visión y su manera de entender la llegada de López Obrador. Mis amigos, los más morenistas, tienen sus propias formas de entenderla: unos más ilusionistas, otros cómplices, otros pragmáticos. Coexistimos porque no hay una definición programática inequívoca de lo que realmente se busca.

Desde los gobiernos locales se ve esa interpretación. Cuando Clara Brugada era alcaldesa de Iztapalapa y en Iztacalco gobernaba Armando Quintero, morenistas ambos, tenían estilos y formas diferentes de entender el proyecto que los unía.

Trotsky hablaba de lealtad al programa revolucionario. Pero la lealtad exige saber a qué se es leal. Quizás una parte de aquella transformación que creímos haber votado estaba en el proyecto y otra en nuestras propias ilusiones.

La verdad, si ha de ser revolucionaria, también tendrá que servir para distinguir una cosa de la otra.

Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez


17 Aug 2026

“Cada vez que abres un periódico, estás leyendo una versión de la realidad, no la realidad.” — Giovanni Sartori

Hay materiales que pueden ir construyendo la verdad, pero ¿la verdad se construye?, ¿es un proceso?, ¿o es absoluta por completo?

El desafío mayúsculo a veces no es lo que se sostiene como verdad, sino la ceguera militante, llena de convicción, que nos nubla y nos aleja de la objetividad.

Desde hace años, uno de los libros que tuve como referencia fue Los señores del narco, de Anabel Hernández, una investigación sobre el sistema y la corrupción histórica en los mandos de la seguridad nacional. Entre los señalados en ese momento estaba Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública Federal, un hombre que hoy está condenado.

Lo fácil sería sostener que Anabel tuvo razón, que acertó. Según recuerdo, algunos de los vínculos y nexos que ahí se mostraron encontraron después correspondencia con una realidad que hoy conocemos mejor. Porque, como dicen, el diablo está en los detalles, y esa misma meticulosidad es la que hoy se le debe exigir a la autora que publicó en 2024 La historia secreta: AMLO y el Cártel de Sinaloa, donde sostiene, mediante testimonios de narcotraficantes y otras fuentes, que López Obrador sabía y recibió dinero para sus campañas.

Pero aparecen también otros políticos. Calderón, Madrazo y varios más forman parte de un juego donde pareciera que se apuesta a las bolas negras y rojas. La recurrencia de este recurso aparece en otros trabajos periodísticos de la autora.

Limitando la mirada, para cierta derecha la narrativa quedó resuelta con la publicación: López Obrador es un narcopresidente. Como Calderón lo fue para otros. Y seguramente aquí habrá quienes digan que uno sí y el otro no, según las filias y fobias individuales.

Me cuesta sostener la idea de que AMLO sabía y fue parte directamente de arreglos con el crimen organizado, pero mi dificultad para creerlo tampoco demuestra que no haya ocurrido. No descarto la posibilidad de que haya recibido dinero, porque el mal parece ser más profundo: el sistema está carcomido, un cáncer que nos mata a cuentagotas.

Rafael Barajas, El Fisgón, hoy director del Instituto Nacional de Formación Política de Morena, publicó Narcotráfico para inocentes. El narco en México y quien lo U.S.A., donde aborda precisamente la relación del narcotráfico con el dinero, la política y Estados Unidos. Por eso se llegó a denominar narco-Estado al de Calderón, pero tampoco podemos creer que esas estructuras desaparecieron simplemente porque cambió el gobierno.

Ahora está Narcosistema. Habrá que leerlo para conocer la construcción de su narrativa y, sobre todo, las fuentes que sostienen el trabajo. Que el periodismo de Anabel Hernández incomode a distintos bandos no demuestra por sí mismo que tenga razón. El periodismo que aprendimos en la escuela debe hacer algo más difícil: investigar, contrastar y servir a la sociedad antes que a una causa política. Ir a contracorriente cuando sea necesario y hacernos dudar incluso de nuestras propias convicciones y decisiones.

Cambiar no será sencillo porque interiorizamos nuestras certezas y nos aferramos a ellas. Diría Saramago que somos historias que nos contamos; somos, en buena medida, la invención de nosotros mismos.

Sobre ello he reflexionado también en el círculo de Transformando San Juanico. Tonatiuh, compañero en ese espacio, ha sostenido que Claudia Sheinbaum sí dijo que no habría fracking durante su gobierno. El 1.º de marzo de 2024, al inicio de la campaña, entre sus compromisos aparecía que no se permitiría la explotación de hidrocarburos mediante fracking.

El 6 de agosto de 2026, cuando se le preguntó precisamente si se cumplía aquella promesa de campaña sobre la no utilización del fracking, respondió:

“Nunca lo dije en campaña como tal.”

Después explicó que lo planteado siempre había sido buscar la soberanía energética garantizando los mínimos impactos ambientales y la justicia social. Incluso abrió públicamente la posibilidad de utilizar gas no convencional en ciertas regiones del país si se cumplen determinadas condiciones.

Ahí ya no importa demasiado quién recuerda mejor. Está la palabra, está el documento, está la fecha. Más allá de creer o confiar en un gobierno, debemos mantener la suficiente distancia crítica para reconocer aquello que contradice nuestras propias certezas.

 

Diría Carlos Monsiváis:

“Se llama ‘carisma’ al conjunto de promesas desplegadas durante una campaña, y ‘desencanto’ a las consecuencias del carisma ya en funciones de gobierno.”

De lo contrario, terminaremos siendo los hombres y mujeres que detestamos y juramos destruir.

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—

Dicen que la verdad es irrelevante. Yo creo que la verdad es única. Hay interpretaciones e inferencias de sujetos que quieren narrarla a su forma, con sus palabras y su lenguaje, para construir también el andamiaje social y político que les interesa.

Leerlos, entenderlos, confrontarlos y razonarlos es un proceso, pero no para fabricar la verdad. La verdad no se construye; construimos el camino para intentar conocerla.

Podemos equivocarnos en ese camino. Puede engañarnos nuestra memoria, nuestra ideología o aquello que deseamos creer. Pero lo ocurrido ya ocurrió y no cambia según nuestras filias y fobias.

Quizá nunca conozcamos toda la verdad. Eso no nos da derecho a deformarla.


Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez

 


10 Aug 2026

"Cada vez que abres un periódico, estás leyendo una versión de la realidad, no la realidad." — Giovanni Sartori

Los medios de comunicación son importantes. Son la fuente de trabajo de muchas personas que beben y comen información, que transforman los hechos en historias con una velocidad increíble. Como principios guía estaba el de Educar, Emocionar y Aprender; era para lograr que las audiencias nos atraparan —claro, es la visión de la lección aprendida y emitida por los profesores. También con diferentes matices, proponiendo visiones individuales, pero sobre todo intereses de grupos.

En las últimas semanas se habla de una regulación; por eso se llama a una consulta pública sobre los lineamientos de comunicación por los derechos de las audiencias. Pero, como en los últimos años, todo se exalta: o es una ley mordaza o es una refundación de la comunicación contra los neoliberales.

Creo que no es ni una ni otra. Es más bien continuar con las dinámicas actuales; no modificaría nada. Pues los defensores de las audiencias de TV Azteca defenderán la postura de la derecha; en sus diversos programas lo han normalizado, también llevado a la literatura. Nada se escapa.

En cambio, Canal Once, 14, 21, 22 y 34 marcan una línea de izquierda y pro-4T. Justo recordaba la censura del defensor de las audiencias del Canal 14, Lenin Martell, que a principios de año sacó del aire la entrevista de Sabina Berman a Eduardo Verástegui, esto en defensa de las audiencias —y solicitada por la directora del canal, según la versión de Martell. Si eso ocurrió en un espacio "plural" del gobierno, en una televisora privada ocurrirá con más frecuencia. Porque la oferta y la demanda —un poco de ello lo deja entrever el periodista José Ramón Fernández en su más reciente libro de memorias, El Protagonista— narra las presiones que recibía por parte del dueño de la televisora cuando se privatizó, o del trampolín que fue cuando era estatal.

Dicen que es odioso autocitarse, pero a inicios de año abordé el tema de la negativa a transmitir la entrevista en las televisoras públicas, esta "última falla técnica" como le llamé:

"Este tipo de decisiones no son aisladas. Responden a errores tácticos recurrentes de una izquierda que, en algunas de sus versiones, confunde el cuidado de las audiencias con el control del discurso. Se anuncia el desmantelamiento de viejas estructuras represivas y, días después, se normalizan cercos y contenciones. Se habla de conciencia colectiva, pero rara vez se aclara quién la define."

Creo que la legalización de estos códigos de ética servirá y se modificará según quienes estén al frente. Una de las críticas recurrentes es que a la 4T se le olvida de dónde viene, que en donde está no será eterna, y que probablemente, al retorno de la derecha, esta ley le funcione perfectamente para el control de las narrativas en todos los medios.

La defensa de las audiencias —el trabajo para ellas— es la de una integridad que pura, diáfana, no es, porque eso pertenece a lo sagrado. Se cometen muchos errores, pero siempre hay que mantenerse lo más apegado a esos principios del periodismo. La autorregulación, como hasta ahora, no ha funcionado, pero estructurar en un sentido u otro solo traería más encono a los bandos.

Aunque esto último creo que la izquierda apuesta a una exhibición de intereses. Quizás lo logre, pero ¿a qué costo? Lo sabremos pronto, con el marco del proyecto de nación.

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—

La izquierda que ahora detesta a Carmen Aristegui la recuerda con Gabriel Sosa Plata, quien era defensor de las audiencias en MVS y peleó la recolocación por aquella insinuación de alcoholismo del entonces presidente Felipe Calderón. Esos pretextos y remembranzas heroicas quieren que sean lo que ellos imaginan y pretenden que suceda, porque lo que se pretende es ir a los códigos de ética de los medios, reforzar al que es de derecha y de izquierda por igual. Un poco impulsando la definición, sin medias tintas, y las medias tintas sin miedo a la definición.

A la sensatez le conviene y nos conviene a todos que lo analicemos.

Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez


3 Aug 2026

"La velocidad eléctrica tiende a abolir el tiempo y el espacio de la conciencia humana." — Marshall McLuhan

El automóvil es la clase, el estilo y la comodidad —para quien puede pagarlo. Pero también es la prisa. Los coches son la prisa de quien duerme 5 minutos más, son la prisa de quien olvidó hacer el desayuno y guardar en tupper la comida para el trabajo, o para los hijos, o simple y cruelmente son la prisa de quien, en la desesperación demoniaca, lleva prisa porque sí, sin razón aparente.

El automóvil, en buena medida, venía a solucionar los tiempos de traslado y la comodidad de una minoría que podía acceder a esas máquinas maravillosas del siglo XX, que durante el XXI nos ayudan en proporciones elevadas a incrementar el calentamiento global por la quema de combustibles no renovables. Y se fue sofisticando con los años. Tenemos en nuestras memorias la aspiración máxima: un Ferrari, ese auto que cuesta millones o incluso miles de millones de pesos. Pero en ninguna ciudad podrá demostrar el poder de la maquinaria y la velocidad de la marca italiana. Si acaso, quienes bien lo aprovechan son los pilotos de Fórmula 1, donde el sonido del motor es maravilloso. Esas son ligas mayores de la competición deportiva.

Pero sí hay, con frecuencia, clase media: Nissan, Volkswagen, Ford, Honda, Chevrolet y otros muchos más que conduce un individuo que va rápidamente a "x" lugar con "x" prisa. Esos son los vehículos de la mayoría. Esos son los dioses oxidables y que pueden deshacerse con la facilidad del plástico quemado por la velocidad y la imprudencia de encontrarse con otro endemoniado de la vida igual que él. Algo similar con los dioses mortales que, como el piloto Michael Schumacher, sobrevivieron en la velocidad y a la intensidad del deporte motorizado, pero que en una práctica de esquí, hace 13 años, viven —si se puede conceder vida tras el accidente sin muchos detalles. El expiloto de Ferrari podría ser privilegiado en esa "vida", pero muchos mueren o "viven" con cuidados dudosos.

Pero no corramos con la velocidad de los que roban tiempos. Hablemos de quienes hasta ahora se nos escapan: los padres de familia o los sujetos que viajan solos, abandonando la magia de la aventura familiar o de la experiencia viajera en lo cotidiano. Pudiendo llevar a un par de compañeros o acercar a quien encuentres en el camino, se decide viajar en soledad, para incrementar el caos. Dostoievski decía que "Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad, menos cariño me inspira las personas en particular, individualmente." Y sí, quizás el roce del cuerpo matinal sea desagradable, menos que por las tardes en el transporte público, que se vuelve una fábrica de fragancias poco exquisitas. Nos aislamos en una caja con ruedas que nos permite sentirnos reyes, extraños, huraños y berrinchudos.

Es pues que el automóvil y su prisa nos esclavizan, como muchas otras cosas nos han esclavizado al hombre libre, al hombre que decide sobre sus tiempos, que se los come, pero cuyo exceso los elimina. Hay que ir con calma, hay que mirar con paciencia a la hormiga y la carga enorme que es la diminuta hoja. Cada uno verá su reflexión propia.

Da para pensar el automóvil de formas diferentes. Esta es la del tiempo y el espacio de convivencia. Continúa Dostoievski: "Sin embargo, cuanto más detesto al individuo, más ardiente es mi amor por el conjunto de la humanidad."

 

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—

La Palabra Sagrada, el cuento de José Revueltas, es un homenaje a la palabra. Quien recurrentemente hace un homenaje a la palabra —y, en buena medida, al amor por las palabras, sus esdrújulas y consonantes— es Gonzalo Celorio. Quien, más que contar banalidades de clase, lo hace con pasión por la lengua. Ese es el gran amor de todos los escritores y de los lectores. Me intento unir a ellos.

 

Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez

 


27 Jul 2026

"El pasado no está muerto. Ni siquiera es pasado." — William Faulkner

2010 fue mundialista. Casualmente, España también salió campeón del mundo en Sudáfrica. Iniesta, Xavi, tocaban prodigiosamente el balón. Pero en México era diferente: gobernaba el panista Felipe Calderón, la violencia alcanzaba ritmos terroríficos, y el crimen empezaba a evidenciar que era más que el gobierno y que, en buena parte, había que tenerle respeto para sobrevivir al país.

Pero también fue un año electoral. En Tamaulipas se disputaba el gobierno estatal. El priista Rodolfo Torre Cantú iba a arrollar a los panistas. Se demostró porque su hermano Egidio tomó su lugar y gobernó el estado hasta 2016. En aquellos días, como es natural, nadie sabía nada. No había ni siquiera un ápice de posibilidad. Curiosos los caminos de la vida.

La procuraduría, en investigaciones reconocidas por el propio Calderón, determinó que la policía estatal había estado envuelta en los sucesos. Como también es natural, desaparecieron hojas de la procuraduría, que casualmente era dirigida por Marisela Morales, quien en el transcurrir de los días fue borrando y eliminando rastros de esa guía de investigación. Al parecer, esa era la consigna calderonista.

En entrevistas recientes —sobre todo cuando Marisela Morales quería ser electa ministra de la corte— se le preguntó sobre su entonces compañero de gabinete, el hoy sentenciado narcotraficante Genaro García Luna. Ella solo dijo que no había elementos para hacer una investigación. Y en las que tenía elementos, bueno, se entiende: era el hombre que comandaba la ley y el orden del país.

Pero recordar aquellas lindezas del pasado —aquellas fantasías de justicia que nunca llegaron— sirve porque hay un reportaje de la revista Proceso de este mes de julio (que, a veces, no abandona su esencia de creación). El reportaje dice que no fueron elementos de la policía estatal, sino marinos los que se confundieron, pero terminaron por ejecutar al candidato. Esa es la línea de investigación que se perdió con Marisela Morales. Y con Murillo Karam, la investigación se estancó en el cansancio, pero llegó porque se les olvidó.

A 6 días del asesinato, en comunicación con el también gobernador Eugenio Hernández Flores —priista también, y casualmente acusado de lavado de dinero en Estados Unidos, con un amparo para evitar ser extraditado—, el presidente dio la negativa a la propuesta de cancelar la elección del estado. A 6 días, el demócrata daba lecciones de cómo ejercer el poder. Pero también en búsqueda de tomar el estado, que llegaría unos años después con otro prófugo de la justicia, Cabeza de Vaca.

Sin saltos bruscos de tiempo, la elección la ganó el PRI con Egidio Torre, quien gobernó con la pesadez y la sombra de encontrar justicia para su hermano. Han pasado 16 años sin resolverse. Las luces de algún día son una nebulosa de dudas.

En fin, en este tamaulipeco y criminal proceso debemos detenernos y pensar que la mugre y la miseria en la que vivimos es tricolor (PRI) y azul (PAN). Sobre todo, porque no podemos comprender cuándo se empezó a joder México. Tratando de entender el mal en Tamaulipas y cómo hemos llegado hasta lo que hoy, con narrativas y hechos, sigue lesionando a los estados con sus particularidades, pero también a la nación entera.


Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—

Estoy leyendo la antología de José Agustín sobre José Revueltas, que se llama La Palabra Sagrada. Desde el primer cuento, que es brutal —"Dormir en Tierra"—, te lleva con cierto acoso violento y te demuestra la crudeza de la vida. Hay muchos que escribió en la cárcel y cuentan esa violencia de esos lugares, como "Hegel y yo". Es una antología que cuenta la podredumbre de la vida criminal tras las rejas, esa que aspiramos los mexicanos a que los políticos paguen. Al menos es terrible la crudeza de la voz de los menos afortunados, que han tenido que pagar en esos sitios sus condenas.


Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez


20 Jul 2026

"La política no es un lugar para la coherencia. Es un lugar para la supervivencia." - Anónimo

En YouTube pueden consultar la entrevista de Hernán Gómez a Alessandra Rojo de la Vega. Me parece una entrevista extraordinaria porque nos permite pensar y analizar cómo un personaje político cercano a Morena durante algún tiempo, desencantado y desplazado, se muda o se acerca a la derecha —o mejor dicho, a la oposición— para resonar más. Es una entrevista que funciona como un diagnóstico de la oposición.

La oposición, diría López Obrador, está moralmente derrotada. Creo que es un diagnóstico certero. Moralmente, porque la redención de la patria prometía otra cosa y otras maneras de conducirse para la vida nacional. Aunque eso se puede acabar con las decisiones que se vayan tomando desde ese partido político. Se dice que Diana Sánchez Barrios buscará competir por los guindas por la alcaldía que controla en negocios opacos desde hace muchos años. Eso daría al traste con lo que en apariencia es moralmente "superior". En fin, ya veremos qué le depara a la muy golpeada alcaldía y a sus habitantes, que terminan jaloneados por unos y otros.

El tema es que personajes como Alessandra, que vivieron en la política "neutra", se han ido radicalizando con el tiempo con posturas escandalosas para la derecha, buscando notoriedad mediática para ocupar espacios políticos dentro de una oposición que no tiene una plataforma consistente y congruente que ofrecer a los desencantados con el gobierno actual, ni a quienes ya rechazaban a la mayoría de hoy.

Rojo de la Vega era una mujer con una agenda ecológica. Se le buscó el matiz para que siguiera en las filas del progresismo laxo y ascendiera en el tiempo. No lo dice, pero yo lo sugiero, cuando sostiene que Claudia Sheinbaum le pidió bajar las revoluciones mediáticas cuando aún era parte de los verdes. Por eso el llamado constante a la mesura, a no hacer más ruido. No lo obedeció, y su deserción fue capitalizada por la oposición, que pocas ideas tenía para aceptarla o para qué. Ella misma dice no ser de nadie, ni tener una ideología clara. Los coqueteos y los acercamientos con el conservadurismo pueden inclinarle la balanza, como ya lo hizo con los guindas. Y como ella, debe haber una buena cantidad de personajes que pasan de un bando a otro.

Es, pues, el extravío ideológico parte del extravío de quienes no saben colocarse de frente a la gente y decirle sus intenciones, o al menos disfrazar la brutalidad del mercado y de las agendas políticas. Esas agendas encontrarán espacio si se cometen errores con mayor frecuencia que los actuales. Difícilmente ocurrirá, porque la izquierda gobernante, con sus errores graves, ha mantenido cierto margen de maniobra con los ciudadanos. Y la inoperancia de la oposición entera no ha hecho más que ampliarlo.

 

Al último y por último —pero nunca, nunca menos importante—

Las voces que van creciendo y los intereses que las acompañan en la vida política del país se modifican y ocupan espacios en el gobierno, buscando el interés y el poder solo por el poder. Quienes se extravían aún más son cooptados por una oposición que está igual o peor, pues en lo que podemos alcanzar a mirar no tienen oportunidad. Son errores de ambiciones personales que buscan elevarse a los altares mediáticos sin fondo ni sustancia. Lo mejor es lo guinda, pero con su corrosión en el viejo mundo y el nuevo, que fue sucumbido.

 

Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez


13 Jul 2026

"La bicicleta es la más humana de las máquinas, porque no necesita gasolina, solo necesita vida." — Eduardo Galeano

Cuando subes a una bicicleta avanzas unos metros, luego unos kilómetros, con un ritmo que poco a poco deja de sentirse extraño. Llegas cansado, sí, pero con la certeza de que cada metro recorrido fue producto de tu propio esfuerzo. Hay algo profundamente gratificante en ello.

Adaptarse cuesta trabajo. Es una sucesión de pruebas y errores, de pequeños miedos y, a veces, de caídas. Todo eso ocurre en un mundo caótico donde el privilegio del automóvil sigue imponiéndose, porque así hemos sido educados. En esa cultura profundamente clasista, el coche es el rey de las calles; así lo hemos interiorizado.

Lo recordé hace unos días cuando alguien me dijo que había empezado con una bicicleta, luego compró una motocicleta y ahora aspiraba a tener un automóvil. Como si el crecimiento personal pudiera medirse por el vehículo que conducimos. Como si el ascenso social también tuviera ruedas.

Con la ciclovía de la Calzada de Tlalpan uno llega rápido y, en buena parte del trayecto, con seguridad. Aun así, convivimos con automovilistas que parecen pensar que usar la direccional les consume gasolina y con personas que nunca leyeron el reglamento de tránsito. Todos cometemos errores alguna vez, pero la ciudad sigue diseñada para perdonarle casi todo al automóvil y muy poco a quien decide moverse de otra manera.

Más allá de esa discusión política y de la necesaria educación vial, quisiera volver a la experiencia de rodar.

Es maravillosa.

No sé qué sentirá un ave cuando surca el cielo, pero imagino que debe parecerse un poco a esa sensación de avanzar con velocidad constante, de encontrar el equilibrio, de dejar atrás el miedo inicial. En la bicicleta uno vuela, aunque lo haga pegado al suelo. Vuela en una interpretación muy humana de la libertad.

Primero el reto consiste en no caer. Después, en llegar a la esquina. Más tarde, a cruzar la colonia. Un día descubres que ya puedes atravesar media ciudad.

¿Eso es la libertad?

No me atrevería a decir que sea la libertad completa. Pero sí una parte de ella.

Y quizá por eso vale la pena insistir en construir una ciudad donde la bicicleta deje de ser una excepción. No solo por la salud de quien pedalea, sino por la salud colectiva de una ciudad que, si quiere respirar mejor, tendrá que aprender a moverse de otra manera.


Sean Rabiosamente Felices..

Hasta Pronto.

Alan Jimenez 


29 Jun 2026

"Los automóviles no votan, pero los políticos tienen pánico de provocarles el menor disgusto. Ningún gobierno latinoamericano, civil o militar, de derecha, centro o izquierda, se ha atrevido a desafiar al poder motorizado. Es verdad que recientemente Cuba se ha llenado de bicicletas, pero eso no había ocurrido durante los treinta y pico años de revolución, durante los cuales pudo haber elegido ese vehículo, muy barato, que no ensucia el aire y que no requiere más combustible que el músculo humano. No: la bicicleta aparece masivamente en Cuba cuando no hay más remedio, porque no queda ni una gota de petróleo; no como una alegría disfrutable, sino como una calamidad inevitable." — Eduardo Galeano

 

Me encontré este fragmento de Eduardo Galeano mientras buscaba algo sobre la bicicleta. De paso confirmé que tengo pendiente leer Úselo y tírelo: nuestro planeta, nuestra única casa.

La cita viene a cuento no solo por la bicicleta, sino porque desde hace tiempo tenía ganas de leer Cuba, estampas de la resistencia, de Luis Hernández Navarro, un libro nacido de los reportajes publicados a principios de año en La Jornada. Durante once días de viaje por la isla, el autor fue escribiendo y describiendo una resistencia profundamente humana antes que meramente política.

Pero la bicicleta, en Cuba, no fue una elección; fue una consecuencia. Y esa misma lógica —la de la resistencia en medio de la escasez— es la que recorre el libro de Hernández Navarro.

Cuba, estampas de la resistencia recorre la vida cotidiana de los cubanos, la manera en que viven y entienden la asfixia derivada del endurecimiento de las sanciones estadounidenses y, al mismo tiempo, la defensa de una revolución que, con todas sus contradicciones, sigue representando para muchos un sistema que garantiza derechos fundamentales. Quizá sin las comodidades del llamado Primer Mundo, pero con la certeza de que, frente a la enfermedad o la vulnerabilidad, el Estado no los abandona. Esa es una de las tensiones que el libro retrata con mayor fuerza.

En México se denunció —con razón— el desabasto de medicamentos para niños con cáncer. Sin embargo, pocas veces se habla de los niños cubanos que padecen la escasez de fármacos, los apagones y las dificultades provocadas por el bloqueo económico. El libro no convierte ese sufrimiento en propaganda; lo muestra desde la experiencia cotidiana de quienes lo viven.

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También habla de una resistencia construida desde la solidaridad. Una idea atraviesa varias de sus páginas y remite a José Martí: la patria es humanidad. Quizá esa sea una de las reflexiones más profundas que deja la lectura y una a la que todos deberíamos volver.

Además de sus textos, Cuba, estampas de la resistencia contiene más de sesenta fotografías de Jair Cabrera que acompañan la narración con enorme sensibilidad. Muestran las huellas de más de seis décadas de embargo y confrontación, pero también la dignidad con la que muchas personas enfrentan la vida diaria. No buscan idealizar la realidad cubana, sino acercarse a ella desde la experiencia de quienes la habitan.

Una de las historias que más me llamó la atención es la del homenaje popular a los cubanos fallecidos durante una misión en Venezuela. Luis Hernández Navarro narra cómo, cuando los cuerpos regresaron a la isla, una multitud acudió espontáneamente a rendirles homenaje. Eran, en su mayoría, desconocidos para quienes hacían fila, pero no por ello dejaron de recibir respeto y reconocimiento.

Podría detenerme en muchas otras páginas. El libro es breve, pero deja abiertas muchas preguntas sobre la solidaridad, la dignidad y la resistencia. Vale la pena leerlo con calma. Y luego, quizá, subirse a una bicicleta —no por calamidad, sino por convicción.


Al último y por último -pero nunca, nunca menos importante...-

Futbol Infinito de Jorge Valdano, el libro es bueno, hice algunas anotaciones como en la mayoría de las lecturas que hago, pero hay dos reflexiones que quiero compartir, la primera que sostiene Valdano “En el medio estará la virtud.”, y en el México vs Corea del Sur el centro se esfumó y evidenció el futbol actual, no hay posiciones claras todos corren, todos juegan a un ritmo que critica Valdano porque no se piensa, no se siente el futbol. Qué queda esperanza de que hay jugadores diferentes que se detienen a pensar, como Mora, que deberá pulirlo, pero que deja una sensación de que un mundo diferente es posible. Lo segundo es la crítica mercantilista del futbol que muchos recientemente han hecho una analogía bonita a mi gusto, diciendo que la FIFA es la iglesia, el juego es la fe, la administración está podrida, aquí no perderán fieles, lo soportamos todo y eso se muestra en los estadios a los cuales una minoría pudo acceder a muy alto costo, pero que siempre lo ha hecho, acceder a esos lugares se condena un paseo repleto para estallar en la alegría posible. O la que el gasto hecho ya hace lo mínimo para el disfrute colectivo.


Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez


22 Jun 2026

A mi abuelo, donde sea que esté, en su cumpleaños terrenal.


Los mexicanos tenemos un corazón lleno de sufrimiento, de penas que parecen desgarrarnos el alma. Más allá del mexicano que describió Octavio Paz en El laberinto de la soledad, encerrado entre máscaras y silencios, Juan Gabriel terminó por convertirse en un pivote que descolocó a buena parte del país. Acudiéramos o no a sus conciertos, sus canciones liberaban algo que muchos llevaban contenido.

Hay una de ellas que nunca ha sido de mis favoritas, pero la he escuchado infinidad de veces. Dice:

¿Por qué me haces llorar

Y te burlas de mí,

Si sabes tú muy bien

Que yo no sé sufrir?

Es el drama llevado al extremo. No hay medias tintas. Y, en cierto sentido, así nos hemos vuelto los mexicanos. Para muestra, basta otra estrofa:

Yo me voy a emborrachar

A no saber de mí,

Que sepan que hoy tomé

Y que hoy me emborraché

Por ti.

Ese “por ti” termina siendo casi un himno nacional. El melodrama atraviesa buena parte de nuestra cultura.

Carlos Monsiváis, de cuya muerte se cumplieron ya dieciséis años, escribió una frase memorable: “El cine mexicano inventó a los mexicanos, y luego los mexicanos intentaron parecerse a su cine.” El postureo, la exageración emocional y la necesidad de convertirlo todo en una epopeya forman parte de esa identidad que aprendimos en la pantalla.

Por eso, después de la victoria frente a Corea del Sur, muchos comenzaron a repetir el inevitable: ”¿Y si sí?”.

Pero ese “y si sí” solo dejará de ser un recurso melodramático cuando existan estructuras deportivas sólidas, un proyecto de largo plazo, mejores futbolistas y una idea de juego clara. No bastan los golpes de suerte ni los sueños alimentados por una victoria aislada.

El fútbol mexicano, además, vive de figuras en retirada y de jugadores extranjeros que llegan cuando sus mejores años han quedado atrás. Tampoco se trabaja con paciencia a los relevos. Ahí está la insistencia por recuperar a Guillermo Ochoa: su experiencia es indiscutible, pero tarde o temprano habrá que dejar que otra generación se equivoque, aprenda y crezca.

No se construye un mejor fútbol viviendo de la nostalgia ni de las urgencias del mercado. Se construye formando jugadores antes que marcas.

Porque ese eterno “¿y si sí?” también es cine. Y, como en las mejores películas mexicanas, el melodrama suele emocionarnos mucho más de lo que nos ayuda a cambiar la realidad.

Jorge Valdano, decía en un programa de esos que no debemos ver (la verdad es de lo mejor que hay en esa televisora) que los mexicanos habían salido porque lo inaccesible del estadio lo compensaba el estallido callejero de lo mínimo, quizás tenga razón y ahí habrá que analizarlo desde la marginación en nuestro centro.


Sean Rabiosamente Felices... 


Hasta Pronto,

Alan Jiménez


8 Jun 2026

"El poder no se discute: se ejerce o se padece." — Marguerite Yourcenar

El domingo, la presidenta Claudia Sheinbaum, desde el Monumento a la Revolución, declaró de manera contundente un principio de defensa de la soberanía nacional frente al injerencismo estadounidense. Fue una pequeña muestra de aquello que durante años pidió un sector de la izquierda más radical y que, finalmente, se expresó desde la Presidencia.

Sin embargo, el lunes la postura comenzó a matizarse. No todo es culpa de Trump ni todo lo malo de la relación bilateral depende exclusivamente de la voluntad del pato naranja.

La presidenta confrontó y lanzó algunos golpes discursivos, pero después —ya fuera por cálculo político o por prudencia diplomática— reculó parcialmente y quedó a la espera de la respuesta estadounidense. Esta llegó a través de declaraciones de funcionarios de seguridad que insistieron en que México seguía cooperando y que la colaboración continuaba, aunque guardando las formas discursivas, tal como ocurrió durante el gobierno de López Obrador.

El propio López Obrador apareció durante la semana mediante una carta en la que relata parte de su experiencia con un Trump distinto al actual. El maestro de la política mexicana, el redentor de la patria salió a respaldar a la presidenta. Dijo que había actuado bien y que había resistido adecuadamente las presiones.

También recordó los momentos de tensión con Washington y el episodio del general Salvador Cienfuegos, quizá uno de los casos más controvertidos de la relación bilateral reciente. Fue la ocasión en que el gobierno mexicano presionó para lograr el regreso del militar al país, una decisión que abrió muchas preguntas sobre el peso político de las Fuerzas Armadas y sobre los acuerdos reales entre ambos gobiernos.

A veces queda la impresión de que el Ejército, más que la propia presidenta o el expresidente, mantiene canales de coordinación y cooperación cuya profundidad desconocemos. Relaciones que permanecen lejos del escrutinio ciudadano y que obligan a preguntarnos cuánto sabemos realmente sobre la forma en que se ejerce el poder entre ambos lados del Río Bravo.

Al último y por último -pero nunca, nunca menos importante...-

Los maestros de la CNTE están verdaderamente atrapados entre una izquierda que muchas veces no los comprende y una derecha que busca montarse sobre una lucha histórica que no le pertenece.

Se les acusa de pedir siempre más, pero existe un problema de origen: durante años se prometió la derogación de la reforma de pensiones de 2007 impulsada por Calderón. Hoy el argumento es que no hay recursos suficientes para cumplir plenamente esa promesa.

Mientras tanto, las pensiones del bienestar avanzan como política social, pero no sustituyen la discusión de fondo sobre los derechos laborales construidos a lo largo de décadas de servicio. La respuesta más fácil ha sido descalificar a los maestros o pedir que se les “dé en la madre”. Memoria corta y argumentos cortos. 

La discusión de fondo sigue pendiente.

 

Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez


1 Jun 2026

"El poder no se discute: se ejerce o se padece." — Marguerite Yourcenar


Hace algunos años se decía desde la izquierda que no se viera Televisa, tampoco TV Azteca. Incluso recuerdo haber portado una playera que decía "Teidiotiza", y había otra de "TV Azteca de apendeja". Seguramente fueron aquellos momentos estelares del peñanietismo, por allá de 2012.

Que lo popular lo declarara era parte de la conciencia política de ese momento. Las líneas del titiritero se veían y se denunciaban, aunque fuera con esas playeras para no caer en el duopolio televisivo, todavía dominante en sus últimos momentos de mayor control. Sin embargo, con el boom de las redes sociales, ese poder comenzó a menguar.

La más golpeada sería Televisa. Ha tenido revoluciones internas tanto financieras como en sus barras de opinión, deportivas y noticiosas. Han intentado mejorar; que les alcance es otra cosa, pero lo han intentado y, en cierto sentido, sí han cambiado. Al menos para la 4T el trato ha sido leve, livianito. No así con la empresa de Ricardo Salinas Pliego.

Además de ser un empresario con deudas al fisco y que ha intentado burlar leyes y cobros, se ha impulsado y abanderado dentro de una derecha cada vez más radical; quizá porque su propio linaje empresarial le mostró desde antes cierto mecenazgo hacia esa radicalidad.

TV Azteca hoy tiene una programación abiertamente facha, ridículamente opositora al gobierno actual. Aunque, como ironizaba en la semana el periodista Julio Hernández López en su programa, si la pelea no se hubiera enardecido, probablemente hoy sería "del bienestar", como ocurrió en un principio con la difusión de las pensiones para adultos mayores.

Volviendo a la programación: uno puede ver la hiel y la constante consigna de descalificar a todo el movimiento de izquierda que hoy gobierna. Sin embargo, aunque desde la presidencia se señale ahora que no se vea cierta televisora —y aunque podamos coincidir parcialmente—, me parece peligrosa la declaración si implica que una mandataria seleccione qué sí y qué no debe consumirse, soltando además una andanada de seguidores que secundan esa línea.

Como ella misma lo dijo, no está ocupando al Estado para presionar con quitar la concesión ni intentando mover a un periodista en particular. También es cierto que el conflicto actual apunta más hacia las cabezas corporativas; eso puede ser una buena señal considerando la historia pasada, pero sigue siendo delicado para la construcción democrática.

No es que quiera ser más puro que el agua o más diáfano; es que a veces conviene detenerse y preguntarnos si esto realmente nos servirá para construir aquello que queremos en esa patria nueva que se sueña.

Por eso sí es diferente a los casos de José Gutiérrez Vivó con Vicente Fox, o al de Carmen Aristegui con Felipe Calderón, e incluso distinto al conflicto de Peña con Aristegui, aunque habría que distinguir el viejo oficio político priista que terminó marginándola.

Las decisiones editoriales actuales ya les han cobrado buena parte de la factura, porque yo creía —desde cierta ingenuidad rousseauniana— que las personas somos buenas, pero nos corrompemos.

El periodismo debe aspirar a ser lo más neutral y objetivo posible, aunque siempre exista una pasión que termina ganándonos, para fortuna o desdicha individual.

 

Al último y por último -pero nunca, nunca menos importante...-

Otra radiodifusora que empezaba a convertirse “del bienestar” era Grupo Radio Centro, origen masivo de periodistas como Alejandro Páez Varela, Álvaro Delgado Gómez y del propio Julio Hernández López, quienes tienen sus matices, aunque personalmente prefiero al segundo.

Menciono esto porque empecé a leer Rescoldo, de Antonio Estrada, considerada por Juan Rulfo como una de las cinco grandes novelas mexicanas. Muy facha por su cercanía con los sinarquistas; más facha todavía porque la editorial la fundó Manuel Gómez Morin.

Así que, si no tomo las armas en nombre de Cristo Rey, estaré de vuelta pronto.


Por Último...

Ayer en el monumento a la Revolución hay una definición clara de México ante Estados Unidos y la injerencia, que sea declarado por la presidenta deja un camino evidente de la defensa de los intereses nacionales.

 

Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

Alan Jiménez

 

 


25 May 2026

AJOLOTIZAR

“Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todos, solo porque y solo cuando son creadas por todos." — Jane Jacobs  

La 4ta en la ciudad tuvo un riesgo para derechizar su narrativa, ponderar la seguridad, sobre todo. Si bien es cierto la seguridad es fundamental es un elemento, pero no la guía o el fin. Por eso más utopías, menos policías era un eslogan y se va construyendo en la ciudad.

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Mas allá del lila o morado, el color es un signo político de Clara Brugada, en Iztapalapa florecieron en bardas, escuelas y en los caminos seguros esos tonos para recuperar el espacio público. Ahora para “los niños bien” ese sentido es horrible y de mal gusto, porque la ciudad debe ser funcional y óptima para los fines lucrativos, no para las personas, a eso le apuesta el paseo elevado, la ciclovía de Tlalpan, las audiencias ciudadanas de los martes y los jueves de casa por casa, acercarse, escuchar de viva voz a la gente que habita y resiste esta capital que te devora.

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Por qué la pintura si fuera morada, café o guinda molestaría, diría ese filosofo priista de copete “ningún chile les embona”, además de eso han escrito ya mucho y si ya gastaron tiempo en su lectura reconocerán la beta de la lejanía, de padecer lo que critican, no seré yo un defensor férreo, pero el uso casi diario de la línea 2 del metro, los traslados van de los 16 minutos o en ocasiones menos de Pino Suarez a Portales o Nativitas, hoy cerradas pero con alternativas como Ermita o Villa de Cortes, por eso también opte por lo que ya había compartido aquí también, la idea de utilizar la ciclovía que ayuda bastante pero no soluciona todo, faltara siempre algo, pero como habitantes requerimos de educación vial para tomar una bicicleta, un auto, una moto de gasolina o eléctrica, o cualquier transporte de ruedas, pues no comprendemos ni ponemos de nuestra empatía para los otros, siempre buscamos la comodidad para lo que nos toque ese día.

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La ciudad se está transformado por un proyecto político importante y también empujado por una obligación de ser sede de la copa del mundo de futbol, por eso el metro se renueva con celeridad, el negocio por encima del proyecto.

Es una aventura de presiones, negocios y voluntades lo impulsa una mujer que tiene mi admiración, quizás debo reconocer que hablar de Clara Brugada tendrá defensa de mi parte, porque creo que esta ciudad no podía tener otro proyecto, porque esas utopías de las que ya hablamos son otra forma de cambiar. La movilidad también lo tiene y la cercanía y eso no es ajolotizar, se pinta, pero no se protege, porque proteger implicaría un cambio profundo en las visitas del turismo a Xochimilco, ¿estaremos dispuestos a cambiar nuestra relación con ese sitio?

Porque, nuestras visitas contaminantes son parte importante de eso y no será ni Brugada, ni ninguna administración la responsable.

Así que ajoloticemos sí, pero asumiendo la responsabilidad y su impacto economico, por el ecosistema natural...

Transformar la ciudad implica ceder, resistir en colectivo.

 Al último y, por último —pero nunca menos importante—....

Un domingo en la alameda o un domingo en museo de arte, ayuda bastante, nunca había visto un diego o una Frida tan de cerca, ni a una Remedios Varo, son estilos artísticos diferentes pero que pueden disfrutar, por eso es importante también que se conserven en museos de la Ciudad, también es la primera vez (mea culpa) que asisto a este museo que le falta infraestructura. En fin, lo importante es conocer como la multitud que gratamente hacia lo mismo el domingo pasado.


Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

 Alan Jiménez

 

 


18 May 2026

“El misterio de las cosas, ¿dónde está? ¿Dónde está él que no aparece por lo menos para mostrarnos que es misterio?” — Fernando Pessoa

Decían que las acusaciones contra Rubén Rocha Moya son calumnias y que la derecha fascista y reaccionaria quiere descarrilar al movimiento de la 4T. El mismo gobernador con licencia lo hizo saber: era —o es— un ataque contra él y contra su movimiento. Se entiende que sea visto así, porque en estos tiempos la narrativa política parece una disputa de sordos: oyen, pero no escuchan. No escuchan ni entienden que existen matices y que no todo puede reducirse a una conspiración o a un ataque coordinado.

Por ejemplo, el discurso de Morena contra María Eugenia Campos por permitir la operación de agentes extranjeros junto a la policía estatal fue presentado como traición a la patria. Esa cantaleta terminó desplazándose hacia Rocha Moya, aunque conviene señalar algo importante: la violación de la soberanía nacional no es lo mismo que una acusación por narcotráfico. Lo curioso es que ambos casos se dimensionan con la misma fiereza por bandos opuestos.

Imaginemos, entonces, que en este tablero alguien movió un alfil para impedir el jaque mate. En México la CIA y otras agencias operan con una libertad que muchas veces violenta las propias reglas del discurso soberanista. Y de eso sabemos muy poco. Lo de Chihuahua salió a la luz porque murieron agentes en un accidente; de no haber ocurrido, probablemente nada se habría sabido. Aunque la seguridad nacional es facultad de la federación, los estados también poseen márgenes de operación que les permiten actuar con relativa autonomía. Se hacen pactos con agencias extranjeras, con narcotraficantes y con actores que responden a sus propias lógicas.

Algo parecido a lo que muestra La ley de Herodes: un político que modifica la Constitución según su conveniencia. Eso parece seguir ocurriendo en todos los partidos y gobiernos. No es exclusivo de un color político. Es parte del sistema mexicano.

Cuando izquierda y derecha disputan el poder, ambos bandos tienen cuentas pendientes. La izquierda defendió a muerte al exsecretario Salvador Cienfuegos, demostrando que la voluntad política y la presión militar pueden mover montañas. La derecha, por su parte, protege negocios y personajes hasta su caída. Ahí están los casos de Genaro García Luna o Acosta Chaparro.

 Y mientras tanto, dentro de la propia 4T aparecen nuevos operadores que hoy son considerados piezas estratégicas en materia de seguridad. Escribo esto, sin embargo, con una duda legítima: no sé si describo una realidad o si termino cayendo también en el panfleto.

El verdadero fantasma que recorre el país parece ser el propio sistema. México funciona como una suma de pequeños países llamados estados, atravesados por intereses políticos, económicos y criminales que rara vez desaparecen; apenas cambian de rostro. La voluntad política puede modificar algunas cosas, sí, pero las estructuras económicas y criminales permanecen intactas. Corrompen, estrangulan y terminan absorbiendo cualquier intento de transformación profunda. Quizá algún día llegue el ciclo histórico que obligue a una ruptura real. Por ahora, apenas queda resistir a los intereses y exhibir el cinismo de los poderosos.

 Al último y por último —pero nunca menos importante—....

México, con X, es también un país golpeado, ofendido y saqueado por imperios internos y extranjeros que siguen disputando el control de la vida pública. Por eso hablar de la conquista no debería parecer un tema rancio. En algo tenía razón Andrés Manuel López Obrador cuando insistía en la necesidad del perdón histórico, aunque también sostengo que ese perdón jamás llegará plenamente. Porque la conquista no fue amor: fue sangre, fuego y codicia. Después vino la mezcla. Olvidamos lenguas, costumbres y formas de entender el mundo. Cedimos al español y a la herencia colonial, pero también resistimos. Quizá por eso la cocina mexicana sea una de las mejores expresiones de nuestra contradicción histórica: mezcla, adaptación y resistencia al mismo tiempo.

Sean rabiosamente felices…

Hasta pronto,

 Alan Jiménez

 

 


11 May 2026

En la semana tuve una conversación que, aunque empezó como algo cotidiano, terminó tocando el nervio de lo político: el sindicalismo mal entendido. Ese que se presenta como defensa absoluta de derechos, que en la práctica puede derivar en la anulación de las obligaciones laborales y en la distancia cada vez más cómoda entre lo que se dice y lo que se hace. 

No es un asunto menor. Porque ahí, en esa contradicción, se juega una parte importante de la vida laboral en este país: la idea de que el derecho es exigencia, pero la responsabilidad es opcional.

Yo hablo desde una posición concreta, no desde la abstracción. Soy trabajador de gobierno, con un salario que apenas rebasa lo básico, viviendo al mes, con jornadas amplias que se repiten como destino más que como elección. Y con una certeza incómoda: trabajaré hasta el final de mis días, porque la jubilación, en los hechos, dejó de ser una promesa para convertirse en una ficción administrativa.

Quizá, si todo sale “bien”, a los 65 habrá algún apoyo social. Pero no una jubilación digna que reconozca los mejores años de vida laboral entregados al sistema.

Esa es una trampa que no puede leerse solo como error técnico. Es estructural. Y también política. Porque se nos vendió como modernización lo que en realidad fue una forma de desplazar el riesgo hacia el trabajador, disfrazado de libertad individual.

Pero hay otra trampa que corre en paralelo: la falta de conciencia de clase. No hablo de una consigna vacía, sino de una incapacidad real —y generalizada— de reconocernos como trabajadores dentro de un sistema que nos organiza, nos limita y nos sustituye sin miramientos.

Esa ausencia de conciencia no solo debilita la organización colectiva; también normaliza la precariedad. Y lo que debería ser demanda se convierte en resignación. 

Hoy se habla poco de organización y mucho de adaptación. Se confunde estabilidad con conformismo. Y en ese proceso, incluso algunos excesos del pasado sindical —sus deformaciones, sus privilegios, sus desvíos— se usan como excusa para justificar la ausencia total de defensa colectiva.

No se trata de nostalgia. No hay romanticismo en ello. Pero sí una constatación incómoda: en nombre de corregir lo que estaba mal, también se desmanteló lo que funcionaba para las mayorías.

El resultado es una clase trabajadora fragmentada, muchas veces sin lenguaje común para nombrar su propia precariedad. Y lo más grave: con la tendencia a hablar como si fuera parte del mundo que la explota, como si el problema fuera del otro, nunca propio. 

En ese contexto, el 1° de mayo debería ser algo más que una fecha simbólica. Debería ser memoria activa. Recordatorio de que los derechos laborales no fueron concesión, sino conquista en condiciones mucho más adversas que las actuales.

Hoy, sin embargo, esa memoria se diluye entre la rutina, el cansancio y la idea peligrosa de que “así son las cosas”.

Pero las cosas no “son así”. Se sostienen así.

Y se sostienen, entre otras razones, porque la capacidad de organización se ha debilitado. No porque no sea necesaria —lo es más que nunca— sino porque se ha sustituido por una mezcla de individualismo, desgaste y una falsa sensación de que el sistema, de algún modo, sigue siendo benigno.

No lo es.

Y si algo enseña la historia del trabajo es que cuando la clase trabajadora pierde capacidad de organización, no gana estabilidad: pierde derechos.

Por eso no se trata de fundar sindicatos por inercia, ni de repetir consignas vacías. Se trata de algo más difícil: recuperar una conciencia que permita exigir mejores condiciones sin renunciar a la responsabilidad, y defender derechos sin convertirlos en excusa. 

Porque entre el abuso, la precariedad y la indiferencia, lo que se va perdiendo no es solo el trabajo digno: es la idea misma de que merece ser defendido.

 

Al Último y Por Último, pero Nunca, Nunca Menos Importante…

Quizá por eso sigue siendo necesario volver a Eduardo Galeano y a sus “nadies”: esos que sostienen el mundo, pero rara vez aparecen en él. O recordar a Julio Ramón Ribeyro y “Los cautivos”, porque a veces la precariedad también funciona así: como un encierro cómodo, lento, silencioso, del que dejamos de intentar escapar.

 

Sean Rabiosamente felices…

  

Hasta Pronto,

Alan Jimenez

 

 


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